Cuentos goticos
Cuentos goticos —SÃ, pero, verás, ni siquiera a un individuo tan excelente como mi amigo Cavendish le gusta dar la mitad de su bufete por nada. Espera un equivalente.
—Un equivalente —dijo Nathan, bajando la voz un octavo—. ¿Y qué serÃa? Las palabras mayores siempre tienen un significado, lo sé, pero no soy lo bastante instruido para averiguarlo.
—Bueno, en este caso, el equivalente que pide para aceptarme como socio y cederme luego todo el negocio no llega a trescientas libras.
Benjamin miró de reojo para ver cómo se tomaba su padre la propuesta. Nathan clavó el bastón con fuerza en el suelo, apoyó una mano en él y se volvió a mirarle.
—Entonces tu excelente amigo puede irse al diablo. ¡Trescientas libras! Que me aspen y me maten si sé de dónde sacarlas, aunque te ponga en ridÃculo y lo haga yo también.
Se habÃa quedado sin aliento. Benjamin reaccionó a las primeras palabras de su padre con un obstinado silencio; eran sólo la reacción de sorpresa que esperaba y no se arredró mucho tiempo.
—Yo creÃa, señor…