Cuentos goticos
Cuentos goticos Tras cierta vacilación, Benjamin aceptó que le diera las doscientas, y prometió emplearlas lo mejor posible para establecerse en el negocio. Pero sentía un anhelo extraño por las quince libras del calcetín. Eran suyas, como heredero de su padre. Y en seguida olvidó un poco su amabilidad habitual con Bessy aquella tarde, concentrándose en la idea de que guardaban dinero para ella, y se lo envidiaba aunque fuese con la imaginación. Pensó más en aquellas quince libras que no tendría que en las doscientas ganadas con esfuerzo y ahorradas modestamente que iban a darle. Nathan, por su parte, estaba animadísimo aquella noche. En el fondo era tan generoso y tan cariñoso que sentía una satisfacción inconsciente por haber ayudado a dos personas en su camino a la felicidad, sacrificando la mayor parte de sus bienes. El mismo hecho de haber confiado en su hijo hasta tal punto parecía hacerle más digno de confianza a juicio de su padre. Lo único que procuraba olvidar era que, si todo sucedía como esperaba, Benjamin y Bessy se establecerían lejos de Nab-end; pero tenía una confianza infantil en que entonces: «Dios se cuidaría de él y de su señora de una u otra forma. De nada servía adelantarse demasiado a los acontecimientos».
Bessy tuvo que oír muchas bromas incomprensibles de su tío aquella noche; pues el anciano creía que Benjamin se lo había contado todo, cuando lo cierto era que su hijo no le había dicho una palabra a su prima.