Cuentos goticos
Cuentos goticos Nathan le contó a su mujer en la cama la promesa que le había hecho a su hijo y el plan de vida que el adelanto de las doscientas libras iba a promover. La pobre Hester se asustó un poco del súbito cambio de destino de la suma, que ella consideraba hacía mucho, con secreto orgullo, «dinero en el banco». Pero estaba bastante dispuesta a desprenderse de ella por bien de Benjamin, si era necesario. Claro que el enigma era cómo podía ser necesaria esa suma. Pero incluso esa duda fue reemplazada por la abrumadora idea de que no sólo «nuestro Ben» se instalaría en Londres, sino de que Bessy se iría con él como su esposa. Este gran trastorno disipó todas las preocupaciones sobre el dinero, y Hester se pasó la noche temblando y suspirando afligida. Al día siguiente por la mañana, se sentó junto al fuego mientras Bessy amasaba el pan. Era extraño, porque a aquella hora siempre estaba muy activa.
—Creo que tendremos que ir a comprar el pan a la tienda, algo que nunca se me había ocurrido que haría mientras viviera —le dijo.
Bessy alzó la vista de la masa sorprendida.
—Te aseguro que no pienso comer esa porquería. ¿Por qué quieres pan de la panadería, tía? Esta masa subirá como una cometa con el viento del sur.
—Ya no puedo amasar como antes. Me destroza la espalda. Y creo que tendremos que comprar el pan por primera vez en mi vida cuando te vayas a Londres.