Cuentos goticos
Cuentos goticos —No me iré a Londres —dijo Bessy, amasando con nueva resolución y poniéndose muy colorada, por el ejercicio o por la idea.
—Pero nuestro Ben va a asociarse con un gran abogado de Londres y tú sabes que no tardará mucho en llevarte.
—Vamos, tÃa —dijo Bessy, retirando las manos de la masa, pero sin alzar la vista—, si eso es todo lo que te preocupa, olvÃdalo. Ben tendrá treinta proyectos en la cabeza antes de establecerse, tanto sobre el negocio como sobre el matrimonio. A veces me pregunto por qué sigo pensando en él —añadió con emoción creciente—, porque no creo que él piense en mà cuando no estoy delante. Esta vez tengo la intención de intentar olvidarle en cuanto se marche. ¡Eso es lo que pienso hacer!
—¡Qué vergüenza, muchacha! Él está organizándolo y planeándolo todo por ti. Ayer mismo estuvo hablando con tu tÃo y planeándolo todo muy bien. Pero comprende que será duro para nosotros cuando os hayáis marchado los dos.
La anciana empezó a gemir con el llanto sin lágrimas de los viejos. Bessy se apresuró a tranquilizarla. Y las dos hablaron y se lamentaron y confiaron e hicieron planes para el futuro, hasta que acabaron la una consolada y la otra secretamente dichosa.