Cuentos goticos
Cuentos goticos Nathan y su hijo regresaron de Highminster aquella tarde tras resolver el asunto de la forma indirecta que más satisfacÃa al padre. HabrÃa salido ganando si hubiera dedicado la mitad de las molestias que se tomó en conseguir que su dinero llegase a Londres de la forma más segura a comprobar los detalles plausibles con los que su hijo corroboraba la historia de la asociación que le habÃan ofrecido. Pero de este asunto no sabÃa nada y obró de la forma que más le tranquilizaba. Llegó a casa agotado, pero satisfecho; no tan animado como la noche anterior, pero sà todo lo tranquilo que podÃa estar la vÃspera de la partida de su hijo. Bessy, gratamente agitada por lo que le habÃa contado su tÃa del verdadero amor que sentÃa su primo por ella —deseamos ardientemente creer lo que deseamos— y aquel plan que culminarÃa en matrimonio (culminarÃa al menos para ella, la mujer), estaba casi guapa con su rubor encantador y radiante y, en más de una ocasión, cuando iba de la cocina a la vaquerÃa, Benjamin la atrajo hacia sà y le dio un beso. Los ancianos procuraron no ver nada de esto y, a medida que se acercaba la noche, estaban más tristes y más callados, pensando en la partida del dÃa siguiente. También Bessy se iba poniendo triste a medida que transcurrÃan las horas; y luego empleó su sencillo ingenio en conseguir que Benjamin se sentara junto a su madre, que suspiraba por él, como podÃa ver la muchacha. En cuanto Hester tuvo a su hijo al lado, le cogió una mano y se la acarició susurrando ternezas que no le decÃa desde que era un pequeño. Pero a él le fastidiaba todo aquello. Mientras habÃa podido jugar con Bessy, darle la lata y acariciarla, no habÃa tenido sueño; pero entonces bostezó sonoramente. Bessy le habrÃa dado una bofetada por no contener el bostezo; en todo caso, no tenÃa por qué hacerlo tan descaradamente, casi ostentosamente. Su madre fue más compasiva.