Cuentos goticos
Cuentos goticos —¡Estás cansado, hijo! —le dijo, poniéndole con cariño una mano en el hombro, que resbaló cuando él se levantó de pronto y dijo:
—¡SÃ, lo que se dice hecho polvo! Me voy a la cama.
Y se marchó dando con ligereza un beso a todos, incluida Bessy, como si estuviese «hecho polvo» de jugar al amante, y dejó a los tres recoger sus pensamientos lentamente y seguirle escaleras arriba.
A la mañana siguiente, parecÃa un poco impaciente con ellos por haberse levantado temprano para despedirle. Y su despedida consistió en el siguiente discurso:
—Bueno, amigos, a ver si la próxima vez que nos veamos estáis más contentos que hoy. Cualquiera dirÃa que vais a un entierro. Dais miedo. Estás muchÃsimo más fea que anoche, Bess.
Se marchó. Y ellos volvieron a la casa e iniciaron la larga jornada sin hablar mucho de su ausencia. No tenÃan tiempo para charlas inútiles, pues debÃan hacer todo el trabajo que no habÃan hecho durante la breve visita de Benjamin. Asà que tuvieron que trabajar el doble. El trabajo duro fue su consuelo durante muchos largos dÃas.