Cuentos goticos
Cuentos goticos Se despertó del mismo modo repentino, se incorporó y prestó atención por si oía el ruido que debía haberla despertado, pero que no se repitió durante un tiempo. Seguro que había sido en la habitación de su tío, que su tío estaba levantado. Pero no oyó nada más durante uno o dos minutos. Luego le oyó abrir la puerta y bajar las escaleras con prisa y paso inseguro. Pensó que su tía debía sentirse mal y saltó de la cama rápidamente, se puso la bata con manos temblorosas y, al abrir la puerta, oyó que se abría también la puerta principal y luego pasos de varias personas y palabrotas furiosas pronunciadas entre dientes con voz ronca. Lo comprendió todo en el acto: la casa estaba aislada, su tío tenía fama de ser una persona adinerada; alguien habrían simulado que se le había hecho tarde y había preguntado por el camino que debía seguir o algo así. ¡Qué suerte que la vaca de John Kirkby estuviese enferma y hubiese varios hombres con él! Retrocedió, abrió las ventanas, salió como pudo, se deslizó por el tejado inclinado y corrió descalza sin aliento al establo.