Cuentos goticos
Cuentos goticos —¡John, John, por amor de Dios, corre! ¡Hay ladrones en la casa, podrÃan asesinar a los tÃos! —susurró aterrorizada junto a la puerta cerrada y atrancada del establo. La abrieron al momento y aparecieron John y el veterinario dispuestos a actuar, si es que la habÃan entendido bien. Repitió lo que habÃa dicho, explicándoles con palabras entrecortadas y casi ininteligibles lo que ni siquiera ella comprendÃa del todo.
—¿Dices que la puerta principal está abierta? —preguntó John, armándose con una horqueta mientras su compañero cogÃa otro apero—. Entonces creo que lo mejor será entrar por ahà y atraparlos.
—¡Vamos, vamos! —fue cuanto pudo decir Bessy, que agarró a John del brazo y tiró de él. Los tres corrieron hacia la casa, doblaron la esquina y llegaron a la puerta principal. Los hombres llevaban la linterna de cuerno que utilizaban en el establo y, a la súbita luz alargada que proyectaba, Bessy vio a su tÃo, el principal objeto de su ansiedad, tendido indefenso e inconsciente en el suelo de la cocina. Su primer pensamiento fue para él, pues no sabÃa que su tÃa corriese peligro inminente, aunque oÃa en el piso de arriba pasos y amortiguadas voces de furia.