Cuentos goticos
Cuentos goticos —Tened cuidado —dijo Bessy desde el rincón—, hay un tipo justo debajo de vosotros. No sé si está vivo o muerto, y mi tÃo está en el suelo sin sentido.
Los hombres esperaron un momento en las escaleras. Y precisamente entonces, el ladrón al que habÃan tirado por las escaleras se agitó y gimió.
—Bessy, corre al establo y trae cuerdas y correas para atarlos. Los sacaremos de la casa y podrás ocuparte de tus tÃos, que lo necesitan urgentemente.
Bessy volvió a los pocos minutos. Alguien habÃa atizado las ascuas del fuego y habÃa más luz en la sala.
—Me parece que este tipo tiene una pierna rota —dijo John, señalando con un cabeceo al hombre que seguÃa en el suelo. A Bessy casi le dio pena ver cómo le manejaban (sin demasiada delicadeza) y le ataban, medio inconsciente, tan fuerte y apretado como habÃan atado antes a su amigo hosco y furioso. Sintió incluso tanta pena por su evidente dolor cuando le daban la vuelta una y otra vez que corrió a buscar un vaso de agua para humedecerle los labios.