Cuentos goticos
Cuentos goticos Bessy cerró la puerta cuando se fueron, pero sin llave, por miedo a contratiempos en la casa, y volvió con su tío, que respiraba mejor que cuando lo había dejado para volver a la sala con John y el veterinario. La luz del fuego le permitió ver ahora que tenía un golpe en la cabeza, que podría ser la causa de su estupor. Le puso paños humedecidos con agua fría en la herida, que le sangraba bastante, y de momento le dejó, encendió una vela para subir a ver a su tía y, justo cuando pasaba junto al ladrón atado e incapacitado, oyó que la llamaban en voz baja y apremiante:
—¡Bessy, Bessy! ¡Sácame de aquí por amor de Dios!
Se acercó al armario de la escalera e intentó hablar, pero le latía el corazón tan fuerte que no pudo. Oyó de nuevo, muy cerca:
—¡Bessy, Bessy! Volverán en seguida, ¡sácame ahora mismo de aquí! ¡Por amor de Dios, déjame salir! —empezó a golpear furiosamente los paneles.
—¡Chsss, chsss! —dijo ella, muerta de miedo y resistiéndose con fuerza a lo que creía—. ¿Quién eres?
Pero lo sabía, lo sabía perfectamente.
—Benjamin. —Un juramento—. Te digo que me dejes salir, y me marcharé y me iré de Inglaterra mañana por la noche y no volveré nunca y podrás quedarte con todo el dinero de mi padre.