Cuentos goticos
Cuentos goticos —¿Crees que me importa eso? —repuso Bessy indignada, buscando a tientas la cerradura con manos temblorosas—. Ojalá no existiese el dinero, asà no habrÃas llegado a esto. Ya está, puedes salir. No quiero volver a verte. No te habrÃa soltado si no fuese porque tengo miedo de que se les parta el alma, si es que no los has matado ya.
Pero él desapareció, dejándola con la palabra en la boca; dejó la puerta abierta de par en par y se perdió en la negra oscuridad. Bessy sintió un nuevo terror y volvió a cerrar la puerta, esta vez con el pasador. Luego se sentó en la primera silla y se desahogó con un enorme grito de amargura. Pero sabÃa que no habÃa tiempo que perder y se incorporó con tanto esfuerzo como si todos sus miembros fuesen un peso muerto, volvió a la cocina y tomó un vaso de agua frÃa. Se sorprendió al oÃr la débil voz de su tÃo, que dijo:
—Llévame arriba y échame a su lado.