Cuentos goticos
Cuentos goticos Pero Bessy no podía con él. Sólo pudo ayudarle en sus débiles esfuerzos para subir las escaleras. Y, cuando llegó al piso de arriba y se sentó jadeando en la primera silla que ella le encontró, ya habían vuelto John Kirkby y Atkinson. John acudió ahora en su ayuda. Su tía yacía atravesada en la cama, sin conocimiento, y su tío parecía tan abatido que Bessy temió por la vida de ambos. Pero John la animó, acostó al anciano en la cama y, mientras Bessy intentaba colocar las piernas de su tía en una postura cómoda, bajó a buscar la pequeña reserva de ginebra que guardaban siempre en una rinconera para las emergencias.
—Se han llevado un susto de muerte —dijo John luego, moviendo la cabeza, mientras les daba un poco de licor y agua caliente con una cuchara, y Bessy les frotaba los pies helados—. El miedo y el frío han sido demasiado, pobres viejos.
Los miró con ternura y Bessy le agradeció profundamente aquella mirada.
—Tengo que marcharme. He mandado a Atkinson a buscar a Bob a la granja, y Jack le acompañó al establo para ocuparse del otro hombre. Empezó a insultarnos a todos y Bob y Jack le estaban amordazando con bridas cuando me fui.