Cuentos goticos
Cuentos goticos —No hagáis caso de lo que diga —gritó la pobre Bessy, acosada por un nuevo temor—. Los de su calaña siempre arrastran a otros. Me alegro de que le amordacen bien.
—¡Bien! Pero es lo que te estaba diciendo. Atkinson y yo llevaremos al establo al otro tipo, que parece tranquilo; traerá su trabajo ocuparse de ellos y de la vaca; y yo ensillaré a la mula baya e iré a Highminster a buscar a los guardias y al médico. Traeré primero al doctor Preston para que vea a Nathan y a Hester, y creo que luego le tocará el turno al tipo de la pierna rota, pese a todas las desgracias que se ha encontrado en el mal camino.
—¡SÃ! —dijo Bessy—. Necesitamos al médico sin falta, mÃralos, parecen dos estatuas de piedra de un monumento de la iglesia, tan tristes y solemnes.
—Pero desde que tomaron la ginebra con agua tienen cara de haber recuperado un poco el sentido. Yo que tú seguirÃa humedeciéndole la cabeza a tu tÃo y dándoles a los dos un sorbito de eso de vez en cuando, Bessy.