Cuentos goticos
Cuentos goticos —Ya me he encargado de que ordeñen las vacas, las vuestras también; y Atkinson ha salvado a la nuestra. ¡Qué suerte que se pusiera enferma precisamente anoche! Esos dos tipos lo habrÃan despachado rápidamente si no nos hubieses llamado. La verdad es que se llevaron lo suyo. Uno llevará las señales hasta el dÃa en que se muera, ¿eh, doctor?
—No tendrá la pierna bien cuando le toque asistir a su juicio en York. Las sesiones empezarán de hoy en quince dÃas.
—SÃ, y eso me recuerda que tienes que declarar ante el juez Royds, Bessy. Los guardias me pidieron que te lo dijera y que te entregara esta citación. No te asustes, no será fatigoso, aunque tampoco digo que vaya a ser agradable. Tendrás que contestar preguntas sobre cómo fue todo; Jane —su hermana— vendrá a quedarse con los ancianos y yo te acompañaré en la calesa.
Nadie supo por qué palideció Bessy y se le nublaron los ojos. Nadie conocÃa el miedo que le inspiraba tener que declarar que Benjamin formaba parte de la banda si, de algún modo, no habÃan seguido su rastro con la suficiente rapidez para capturarlo.