Cuentos goticos
Cuentos goticos Jane Kirkby se quedó con Bessy una semana o más y fue un gran consuelo. De otro modo a veces habrÃa creÃdo que se estaba volviendo loca, ante la inmutable expresión atormentada de su tÃo recordándole constantemente aquella noche pavorosa. Su tÃa acusaba menos la pena, como correspondÃa a una mujer tan fiel y piadosa, aunque era fácil ver lo mucho que sufrÃa. Recuperó las fuerzas antes que su marido, pero durante la recuperación el médico observó la inminencia de una ceguera total. Bessy les decÃa todos los dÃas, mejor dicho, siempre que se atrevÃa a hacerlo sin temor a despertar sus sospechas de lo que sabÃa, les decÃa, como ya habÃa hecho angustiada al principio, que únicamente habÃan descubierto a dos hombres complicados en el robo, y que eran dos desconocidos. Su tÃo no se habrÃa interesado por el asunto aunque ella le hubiese ocultado toda la información. Pero advertÃa su mirada rápida, perspicaz y ansiosa cada vez que volvÃa de ver a alguien o de algún sitio donde cabÃa suponer que podÃa haberse enterado de si se sospechaba de Benjamin o si le habÃan detenido; y ella se apresuraba a tranquilizarle explicándole siempre cuanto habÃa oÃdo; se alegraba de que a medida que pasaban los dÃas fuese menor el peligro, cuya sola idea la ponÃa enferma.