Cuentos goticos
Cuentos goticos Pero lo cierto era que el abogado de los detenidos había sabido por ellos que había una tercera persona implicada, y conocía quién era esa persona. Y el cometido de este abogado consistía en reducir la culpabilidad de sus clientes en la medida de lo posible, demostrando que sólo habían sido instrumentos de otro que conocía bien el lugar y las costumbres de los habitantes, y que era el autor y organizador de todo el plan. Por eso tenían que declarar los padres, que, según habían confesado los prisioneros, tenían que haber reconocido la voz del joven, su hijo. Pues nadie sabía que Bessy también podría haber declarado que el hijo había participado, y, como se suponía que Benjamin había huido de Inglaterra, los cómplices no creían traicionarlo.
Los ancianos llegaron a York perplejos, desorientados y fatigados el día antes del juicio. Los acompañaban John y Bessy. Nathan seguía tan retraído que Bessy no conseguía adivinar lo que le pasaba por la cabeza. Se mostraba casi pasivo a las temblorosas caricias de su mujer. Su rigidez era tal que parecía no advertirlas.
Bessy temía a veces que Hester se estuviera volviendo infantil. Pues era indudable que sentía un amor tan grande y solícito por su marido que la memoria parecía influir en sus intentos de ablandar la dureza de su apariencia física y sus modales. Con sus patéticas tentativas de que volviera a ser como antes, a veces parecía haber olvidado por qué había cambiado tanto.