Cuentos goticos
Cuentos goticos —Señores del jurado, deseo que pongan especial atención en este hecho: ella reconoce que oyó gritar a alguien, a un tercer individuo, fíjense bien, que gritaba a los dos que estaban arriba. ¿Qué dijo? No la molestaré con más preguntas, esta será la última. ¿Qué fue lo que dijo el tercer individuo que se había quedado abajo?
A Hester se le crispó la cara; abrió dos o tres veces la boca como si fuese a hablar y tendió los brazos suplicante; pero no dijo nada, y cayó de espaldas en los brazos de las personas que estaban más cerca de ella. Nathan se abrió paso hasta el estrado de los testigos:
—Señor juez, supongo que le trajo a usted al mundo una mujer. Es vergonzoso y cruel tratar así a una madre. Fue mi hijo, mi único hijo, quien gritó que le abriéramos la puerta, y fue él quien gritó a los otros que estrangularan a la vieja si no se callaba cuando pedía socorro a su sobrina. Y ahora ya sabe usted la verdad y toda la verdad y le confío al juicio de Dios por su forma de actuar.
La madre, aquejada de parálisis, yacía en su lecho de muerte antes de que cayera la noche. Pero los afligidos van a la Morada de Dios para ser consolados por Él.