Cuentos goticos
Cuentos goticos Las puertas se abrieron de pronto y me vi en un salón iluminado con una curiosa luz tenue que no iba a parar a ningún punto ni procedía de ningún centro ni parpadeaba con movimiento de aire alguno, pero que llenaba hasta el último rincón, impregnando de una grata nitidez todos los objetos; y tan distinta de nuestra luz de gas o vela como lo es una clara atmósfera del sur de nuestra brumosa Inglaterra.
Había tantas personas y estaban todas tan concentradas en la conversación que en un primer momento mi llegada no despertó la menor atención. Pero mi amigo el portero se acercó a una hermosa dama de edad madura, ricamente ataviada con ese estilo antiguo que ha vuelto a ponerse de moda últimamente y, esperando primero con actitud respetuosa hasta que reparó en él, le dijo mi nombre y algo sobre mí, supuse, por los gestos de él y la súbita mirada de ella.