Cuentos goticos
Cuentos goticos Acudió a mi lado de inmediato con los más amistosos gestos de saludo, incluso antes de haberse acercado lo suficiente para hablar. Y cuando lo hizo (¿no era extraño?), sus palabras y su acento eran los del campesino más vulgar del paÃs. Aunque parecÃa de buena cuna, la habrÃa realzado si hubiera sido una pizca más paciente y si en su semblante se hubiera formado una expresión un poco menos viva e inquisitiva. Yo habÃa estado husmeando bastante por las partes antiguas de Tours y habÃa procurado aprender el dialecto de la gente que vivÃa en el Marché de Vendredi y sitios parecidos, lo que me permitió entender a mi encantadora anfitriona, que me propuso presentarme a su marido, un cortés baldragas ataviado de forma aún más extraña que ella, según la tendencia más extrema de ese estilo de indumentaria. Pensé para mà que en Francia, lo mismo que en Inglaterra, son los provincianos quienes exageran la moda hasta lo ridÃculo.