Cuentos goticos
Cuentos goticos La señorita Rosamond dormÃa profundamente, por más que soplara el viento, y la señorita Furnivall no dijo una palabra ni se volvió a mirar cuando las ráfagas sacudÃan las ventanas. De pronto se levantó cuan alta era y alzó una mano, como si nos pidiese que escucháramos.
—¡Oigo voces! —dijo—. ¡Oigo gritos terribles! ¡Oigo la voz de mi padre!
Y justo en ese momento despertó sobresaltada mi niña: