Cuentos goticos
Cuentos goticos Mi historia le pareció divertidísima. Me dijo que había tenido suerte, que a él le había pasado lo mismo varias veces y que en una de ellas su vida había corrido grave peligro. Concluyó el relato haciéndome admirar sus botas, que dijo que aún llevaba, pese a lo remendadas que estaban y a haber perdido por ello completamente su extraordinaria virtud, porque eran de excelente hechura para las caminatas largas. Y concluyó así:
—Aunque, la verdad, la nueva moda de los ferrocarriles parece eliminar la necesidad de este tipo de botas.
Cuando le consulté si debía contar a los anfitriones que me había extraviado en la oscuridad y no era el invitado por quien me habían tomado, exclamó:
—¡En modo alguno! Aborrezco esa moralidad escrupulosa.