Cuentos goticos
Cuentos goticos —Fue el amor de mi juventud. Su carácter severo y viril fue el que primero conmovió este corazón mÃo. ¿Cuándo… cuándo dejaré de lamentar su pérdida?
Me sentà incómodo, porque no la conocÃa lo suficiente para responder (si es que su segundo matrimonio no era suficiente respuesta); y comenté, por decir algo:
—Me da la impresión de que el semblante se parece a algo que he visto, en un grabado de pintura histórica, creo; sólo que allà es la figura principal de un grupo: agarra a una dama por el cabello y la amenaza con su cimitarra mientras dos caballeros corren escaleras arriba, al parecer justo a tiempo de salvarle la vida.
—¡Ay! ¡Ay! —dijo ella—, es la descripción exacta de un desdichado pasaje de mi vida que ha sido representado a menudo bajo una falsa luz. Hasta el mejor marido del mundo se disgusta a veces —sollozó, casi no podÃa seguir de pena—. Yo era joven y curiosa, él se enfadó con razón por mi desobediencia… mis hermanos se precipitaron… la consecuencia fue que me quedé viuda.
Tras el debido respeto a sus lágrimas, me atrevà a expresarle algunas palabras de consuelo. Se volvió bruscamente: