Cuentos goticos
Cuentos goticos —Su familia tiene el molino desde los tiempos del Palatinado; mejor dicho, posee el terreno desde entonces, porque los franceses les incendiaron dos molinos. Si quieres ver furioso a Scherer, sólo tienes que hablarle de la posibilidad de una invasión francesa.
Pero en aquel momento, y silbando todavÃa aquel aire lastimero, vimos que el molinero bajaba los peldaños del jardÃn al silo, que quedaba un poco más bajo; asà que supuse que habÃa perdido la ocasión de encolerizarlo.
Casi habÃamos terminado el café, el bizcocho y el pastel de canela cuando empezaron a caer gruesas gotas en la tupida cubierta de follaje; la lluvia arreciaba cada vez más, atravesando las hojas tiernas como si las gotas las rompieran por la mitad; toda la gente del jardÃn se apresuró a ponerse a cubierto o a buscar los carruajes que habÃan dejado fuera. El molinero subió corriendo los escalones con un paraguas carmesà a punto para proteger a quienes salÃan del jardÃn, seguido por su hija y una o dos muchachas, cada una con un paraguas.
—Pasad a la casa, vamos, vamos. Es una tormenta de verano y lo inundará todo una o dos horas, hasta que el rÃo se lo lleve. Por aquÃ, por aquÃ.