Cuentos goticos
Cuentos goticos Y lo seguimos de nuevo, ahora a su casa. Entramos en la cocina. Nunca he visto semejante despliegue de relucientes vasijas de cobre y latón. Y todas las cosas de madera estaban también muy limpias. El suelo de baldosas rojas, inmaculado cuando entramos, se cubrió de barro a los dos minutos con muchas pisadas, porque la cocina se llenó y el respetable molinero seguÃa llevando a más gente bajo su gran paraguas carmesÃ. Llamó a los perros para que entraran también y les ordenó echarse debajo de las mesas.
Su hija le dijo algo en alemán y él respondió moviendo la cabeza alegremente. Todos se echaron a reÃr.
—¿Qué le ha dicho? —pregunté.
—Que traiga también a los patos. Pero si entra más gente nos asfixiaremos. Entre el bochorno, el fogón y todas estas ropas húmedas, creo que tendremos que pedir permiso para pasar. Tal vez podamos entrar a ver a Frau Scherer.