Cuentos goticos

Cuentos goticos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Hester! ¡Tengo que ir! Mi niña está ahí, la oigo. ¡Ya viene! ¡Hester, tengo que ir!

La estreché con todas mis fuerzas; la estreché con firme voluntad. Mi determinación era tan fuerte que, si me hubiese muerto en aquel momento, habría seguido abrazándola. La señorita Furnivall escuchaba, sin prestar ninguna atención a mi niña, que había conseguido bajar al suelo y a la que yo, ahora de rodillas, sujetaba el cuello con ambos brazos, mientras ella seguía llorando y forcejeando para soltarse.

De repente, la puerta este cedió con un estruendo atronador, como si se rompiera violentamente, y apareció bajo aquella luz clara y misteriosa la figura de un anciano alto de cabello gris y ojos relumbrantes. Empujaba con incesantes ademanes de aborrecimiento a una mujer bella y adusta, con una niña agarrada a su vestido.

—¡Oh Hester! ¡Hester! —gritó la señorita Rosamond—. ¡Es la señora! La señora de los acebos; y mi niña está con ella. ¡Hester! ¡Hester! Déjame ir con ella, me piden que vaya. Las siento… las siento. ¡Tengo que ir!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker