Cuentos goticos
Cuentos goticos Tardamos dos días en llegar a su castillo de los Vosgos, porque los caminos eran malos y la dirección difícil de determinar. No podría haber sido más devoto de lo que fue durante todo el viaje. Parecía que quisiera compensar en todos los sentidos la distancia entre mi vida actual y mi vida pasada, que yo sentía más completa a cada hora que pasaba. Yo parecía estar recobrando plenamente el sentido de lo que era el matrimonio, y me atrevo a decir que no fui una compañía agradable en el tedioso viaje. Al final, los celos de mi pesar por mi padre y mi hermano acabaron con su paciencia y se disgustó tanto conmigo que creí que la desolación me partiría el corazón. Así que no llegamos de muy buen ánimo a Les Rochers, y pensé que tal vez el lóbrego aspecto del lugar se debiese a lo desdichada que me sentía. En un lado, el castillo parecía un edificio nuevo, construido rápidamente para algún propósito inminente, sin árboles ni arbustos cerca, sólo los restos de la piedra empleada en la construcción y que aún no se habían retirado de las inmediaciones, aunque se había dejado crecer hierbajos y líquenes al lado y por encima de los montones de desechos. Al otro lado, estaban las grandes rocas de las que el lugar tomaba su nombre, y el antiguo castillo, de hacía muchos siglos, se alzaba pegado a ellas casi como una formación natural.