Cuentos goticos
Cuentos goticos —Ahora madame debe tener el gatito para que le haga compañÃa, mientras yo voy a pedir a Marthon una taza de café —recuerdo que me dijo eso y que me enfadé, porque me molestaba que creyera que necesitaba que me entretuviera un gatito. Quizá fuese mi malhumor, pero me enojó que me hablara como a una niña y le dije que tenÃa motivos para estar abatida, y no tan imaginarios que pudieran distraerme los brincos de un gatito. Asà que, aunque no querÃa contárselo todo, le conté una parte; y, mientras lo hacÃa, empecé a sospechar que la buena criatura sabÃa más de lo que ocultaba y que la breve charla sobre el gatito era más reflexivamente amable de lo que me habÃa parecido en un principio. Le dije que hacÃa mucho tiempo que no sabÃa nada de mi padre; que era anciano, por lo que podÃan ocurrir muchas cosas —podrÃa no volver a verlo—, y que rara vez sabÃa algo de él o de mi hermano. Era una separación más completa y definitiva de lo que habÃa previsto cuando me casé, y le conté a la bondadosa Amante cosas de mi hogar y de mi vida antes de casarme; pues no me habÃa criado como una gran dama, y la simpatÃa de cualquier ser humano me parecÃa preciosa.