Cuentos goticos
Cuentos goticos —Vamos, mis buenos amigos, ¿qué sentido tiene todo esto cuando sabéis perfectamente que, si sospechara que mi esposa sabe más de lo que quiero que sepa de mis asuntos, no verÃa el dÃa siguiente? Acordaos de Victorine. Sólo cometió la imprudencia de bromear sobre mis negocios, rechazó mi consejo de morderse cautelosamente la lengua, ver lo que quisiera, pero no preguntar ni decir nada, y tuvo que hacer un largo viaje, más allá de ParÃs.
—Pero esta no es como ella; madame Victorine hablaba por los codos y sabÃamos todo lo que sabÃa; pero esta es tan astuta que puede descubrir lo que sea y no abrir la boca. El dÃa menos pensado se levanta la región y se nos echan encima los gendarmes de Estrasburgo, todo gracias a tu muñequita y a sus mañas para convencerte.
Creo que esto despertó a monsieur de la Tourelle de su despectiva indiferencia, pues maldijo entre dientes y dijo: