Cuentos goticos
Cuentos goticos —Beba esto, madame, y vayámonos de aquí. Ya está todo preparado.
Dejé que me pusiera el brazo debajo de la cabeza y me incorporara para beber algo. Me hablaba en todo momento en voz baja y mesurada, en un tono seco y autoritario que no era el suyo; me dijo que me había preparado un conjunto de vestidos suyos, que ella ya se había disfrazado en la medida en que lo permitían las circunstancias, que se había guardado en los bolsillos lo que yo había dejado de la cena, y así siguió, insistiendo en los detalles más banales, pero sin aludir siquiera a la espantosa razón que hacía necesaria mi huida. No hice averiguaciones de lo que sabía o cuánto. No le pregunté nada entonces ni después, era superior a mis fuerzas; callamos nuestro terrible secreto. Pero supongo que lo había oído todo desde el vestidor contiguo.