Cuentos goticos
Cuentos goticos La fragua estaba en un cobertizo al lado de la casa y daba al camino. Oà que cesaba el continuo golpeteo rÃtmico de los martillos. Amante habÃa visto por qué. HabÃa llegado a la fragua un jinete, que desmontó y llevó a herrar el caballo. La luz rojiza del fuego de la fragua permitió a Amante ver la cara del jinete y comprendió horrorizada que pasarÃa lo que pasó realmente.
El jinete intercambió unas palabras con el herrero, que le hizo pasar a donde estábamos nosotras.
—Eh, buena mujer, un vaso de vino y una torta para este caballero.
—Cualquier cosa, cualquier cosa, señora, que pueda tomar mientras hierran el caballo. Ando apurado, y tengo que llegar a Forbach esta noche.