Cuentos goticos
Cuentos goticos Al fin llegó el médico. Todos se retiraron, pendientes de sus palabras.
—Verá —dijo el posadero—. Esta dama llegó anoche en la diligencia con su doncella. Sin duda una gran dama, pues pidió un reservado…
—Es la señora baronesa de Roeder —dijo la doncella francesa.
—Y fue muy difÃcil complacerla con la cena y el dormitorio. Se fue a dormir bien, aunque fatigada. Su doncella la dejó…
—Le supliqué que me permitiera dormir en su habitación, ya que estábamos en una posada extraña de la que nada sabÃamos. Pero no me lo permitió, mi señora era una dama tan grande…
—Y durmió con mis sirvientes —siguió diciendo el posadero—. Esta mañana creÃmos que seguÃa durmiendo; pero, al ver que daban las ocho, las nueve, las diez, y ya casi las once, pedà a su doncella que entrara en la habitación con mi llave maestra…
—La puerta no estaba cerrada con llave. Y ahà la encontramos… ¿no está muerta, señor? Con la cara sobre la almohada, y su hermoso cabello suelto; nunca me dejaba recogérselo, decÃa que le daba dolor de cabeza. ¡Un cabello asÃ! —dijo la doncella, alzándole un largo mechón dorado y soltándolo de nuevo.
Recordé lo que me habÃa dicho Amante la noche anterior y me acerqué más a ella sigilosamente.