Cuentos goticos
Cuentos goticos El médico examinaba mientras tanto el cuerpo por debajo de las sábanas, que hasta entonces el posadero no habÃa permitido tocar. Sacó la mano llena de sangre. Sujetaba en ella un cuchillo corto y afilado, con un papel clavado.
—Se trata de un crimen. La difunta ha sido asesinada. TenÃa esta daga clavada en el corazón —dijo. Luego se puso las gafas y leyó lo que habÃa escrito en el papel ensangrentado, pese a lo borroso y poco claro que estaba:
Numéro Un.
Ainsi les Chauffeurs se vengent.[44]
—¡Vámonos! —le dije a Amante—. ¡Salgamos de este lugar espantoso!
—Esperemos un momento —me dijo—. Sólo unos minutos más. Será mejor.