Cuentos goticos
Cuentos goticos —Bien —dijo Amante—, esto demuestra que monsieur de la Tourelle sospechaba que volverÃais al nido donde os criasteis, y que ha estado allà y ha descubierto que no habéis regresado, pero seguro que todavÃa cree que lo haréis, y ha empleado a vuestra cuñada como una especie de informante. Madame me ha dicho que su cuñada no la apreciaba demasiado; y la historia difamatoria que ha empezado a propagar vuestro marido no habrá aumentado precisamente su afecto. Seguro que el asesino volvÃa sobre sus pasos cuando lo encontramos cerca de Forbach, y al oÃr hablar de la pobre dama alemana con su doncella francesa y su bello cutis claro, la siguió. Si madame se deja guiar todavÃa, y os ruego que sigáis confiando en mÃ, hija mÃa —dijo Amante, trocando su respetuosa formalidad por una expresión más natural después de haber compartido y superado tantos peligros, y más cuando quien hablaba era consciente de poseer una capacidad de protección que a la otra persona le faltaba—, seguiremos hasta Fráncfort y nos perderemos por lo menos durante un tiempo entre la multitud que puebla una gran ciudad; y me habéis dicho que Fráncfort lo es. Seguiremos siendo marido y mujer; tomaremos un pequeño alojamiento que cuidaréis y del que no saldréis. Y yo, que soy más fuerte y más atenta, seguiré el oficio de mi padre y buscaré trabajo en las sastrerÃas.