Cuentos goticos
Cuentos goticos Se lo conté todo a Amante y empezamos a temer que si monsieur de la Tourelle, Lefebvre o cualquier otro de la banda de Les Rochers había visto aquellos carteles, sabrían que la pobre dama apuñalada era la baronesa de Roeder y que tenían que reanudar mi búsqueda.
Este nuevo temor me afectó la salud e impidió mi recuperación. Teníamos tan poco dinero que no podíamos llamar a un médico, al menos no a uno que ejerciera oficialmente. Pero Amante encontró a uno joven para quien, de hecho, había trabajado en alguna ocasión. Le ofreció pagarle en especie y le llevó a ver a su esposa enferma. Era muy amable y considerado, aunque tan pobre como nosotras. Pero dedicó mucho tiempo y atención al caso, y una vez le dijo a Amante que veía que mi constitución había sufrido una conmoción grave de la que seguramente no me recuperaría nunca del todo. Luego nombraré a este médico y entonces conocerás su carácter mejor de lo que yo pueda describirlo.