Cuentos goticos
Cuentos goticos —Una carrera memorable, caballero —dijo sir Harry—. Es la primera vez que caza en nuestro terreno, pero espero que le veamos a menudo.
—Espero convertirme en miembro de la partida, caballero —dijo el señor Higgins.
—Será un placer, un orgullo, estoy seguro, recibir entre nosotros a tan bravo jinete. Creo que se llevó usted el premio; mientras que algunos de nuestros amigos de aquÃ… —frunció el ceño a uno o dos cobardes como final de su discurso—. PermÃtame presentarme, soy el perrero.
Buscó en el bolsillo del chaleco la tarjeta en la que estaba oficialmente inscrito su nombre.
—Algunos de estos amigos han tenido la bondad de acceder a venir a almorzar a mi casa. ¿Puedo pedirle que nos honre con su presencia?
—Me llamo Higgins —respondió el forastero, con una venia—. Vivo en Barford desde hace muy poco, en la Casa Blanca, y todavÃa no he enviado mis cartas de presentación.
—¡Qué caray! —replicó sir Harry—, un hombre que monta como usted y con esa cola en la mano, podrÃa llamar a cualquier puerta del condado (¡soy un hombre de Leicestershire!) y serÃa bien acogido. Señor Higgins, me sentiré orgulloso de tener ocasión de conocerle a usted mejor en la mesa de mi comedor.