Cuentos goticos
Cuentos goticos Aunque sir Harry tenía por delante una buena cabalgada, y sólo la breve luz de una luna nueva para efectuarla, tan conmovido se sintió su bondadoso corazón por la temblorosa y lastimera angustia del hacendado que se detuvo y volvió a entrar en el comedor para decir, con más aseveraciones de las que me molestaré en incluir:
—Mi buen señor, he de decir que conozco ya muy bien a ese hombre; y no existe mejor persona. Si yo tuviese veinte hijas le daría a escoger entre ellas la que él quisiese.