Cuentos goticos
Cuentos goticos —¿No hay ninguna noticia sobre el asesinato de Bath en ese periódico?
El señor Davis, que ya habÃa acabado de tomar notas y se disponÃa a marcharse, se detuvo y preguntó:
—¿Ha habido un asesinato en Bath? ¡No! No he visto nada de eso… ¿A quién han matado?
—¡Oh! ¡Ha sido un asesinato horrible, estremecedor! —contestó el señor Higgins sin alzar la vista del fuego, pero mirándolo con ojos tan desorbitados que se le veÃa todo el blanco—. ¡Un asesinato horrible, horrible! Me gustarÃa saber qué será del asesino… Me imagino el centro rojo y brillante de ese fuego… Mire y fÃjese lo infinitamente remoto que parece y cómo la distancia lo amplifica hasta convertirlo en algo horrible e insaciable.
—Mi estimado señor, creo que tiene fiebre, ¡tiembla y tirita mucho! —dijo el señor Davis, pensando en su fuero interno que su compañero tenÃa sÃntomas de fiebre y estaba desvariando.
—¡Qué va! —dijo el señor Higgins—. No tengo fiebre. Es que hace una noche muy frÃa.
Conversó un rato con el señor Davis sobre el artÃculo de Gentleman’s Magazine, pues también él leÃa bastante y podÃa tomarse más interés por las actividades del señor Davis que la mayorÃa de la gente de Barford. Ya eran casi las diez y el señor Davis se levantó para volver a su habitación.