Cuentos goticos
Cuentos goticos —Pero ¿asesinó él a la anciana? —preguntó el señor Davis—. Perdone, señor, pero es que me interesa su historia.
—¡SÃ! La degolló; y allà está todavÃa, en su saloncito silencioso, boca arriba y atrozmente pálida, en un charco de sangre. Este vino parece agua, Davis. ¡Necesito un poco de brandy!
El señor Davis estaba horrorizado por la historia, que parecÃa haberle fascinado tanto como a su compañero.
—¿Han encontrado alguna pista del asesino? —preguntó.
El señor Higgins vació medio vaso de brandy puro antes de contestar.
—¡No! Ninguna en absoluto. No podrán descubrirle. Y no me extrañarÃa, señor Davis, no me extrañarÃa que se arrepintiese e hiciera una amarga penitencia por su crimen. En cuyo caso, ¿habrá misericordia para él en el último dÃa?