Cuentos goticos
Cuentos goticos Por lo que pude deducir, la casa se encontraba en un estado ruinoso en la época en que regresó el señor. Los sólidos muros grises seguían en pie, pero los aposentos interiores se habían utilizado para toda suerte de fines. El salón había sido granero; la majestuosa cámara de los tapices había servido para guardar lana y demás. Pero fueron despejando las salas y ordenándolo todo poco a poco. Y, aunque el señor no disponía de dinero para comprar mobiliario nuevo, su esposa y él consiguieron sacar el mejor partido del viejo. Él era un ebanista nada despreciable y ella tenía una gracia especial en cuanto hacía y confería una elegancia pintoresca a todo lo que tocaba. Además, se habían traído muchos objetos exóticos del continente; o tal vez debiera decir objetos que eran exóticos en aquella región de Inglaterra: imágenes, cruces y hermosas pinturas. Y entonces aún había madera abundante en la Cuenca de Bolland y ardían y relumbraban en todas las viejas y oscuras habitaciones grandes fuegos de troncos que le daban a todo un aire acogedor y hogareño.