Cuentos goticos
Cuentos goticos De hecho, cuando la señora Starkey le consiguió un puesto con una gran dama en el extranjero y llegó el momento de partir, fue ella quien se aferró a su madre con un abrazo apasionado, declarando hecha un mar de lágrimas que no la abandonaría, y fue Bridget quien se apartó y le pidió muy seria y sin una sola lágrima que cumpliera su palabra y se fuera al ancho mundo. Mary se alejó sollozando sonoramente y mirando hacia atrás. Bridget se quedó inmóvil, sin respirar apenas ni cerrar los ojos gélidos, hasta que al fin volvió a entrar en casa y colocó un viejo y pesado banco pegado a la puerta. Se sentó junto al fuego apagado y se quedó allí sin moverse, haciendo oídos sordos a las tiernas llamadas de la señora, que suplicaba a su niñera que la dejase entrar para consolarla.