Cuentos goticos
Cuentos goticos Sorda, pétrea e inmóvil permaneció así sentada más de veinte horas; hasta que la señora Starkey recorrió el camino nevado desde la casa grande por tercera vez, llevando consigo al perrillo de aguas que había sido la mascota de Mary en la casa grande, y que se había pasado la noche buscando a su ama ausente, ladrando y gimiendo por ella. Se lo explicó llorando junto a la puerta cerrada, llorando por la terrible expresión de angustia de su niñera, tan fija e inmutable como el día anterior. El cachorrillo que llevaba en brazos empezó a emitir su lastimero gemido, tiritando de frío. Bridget reaccionó entonces, se movió y prestó atención. De nuevo el largo gemido. Pensó que era por su hija, y lo que le había negado a su niña y señora se lo otorgó al animalillo al que Mary había amado. Abrió la puerta y cogió al perro de los brazos de la señora. Esta entró, besó y consoló a la anciana, que apenas reparaba en ella ni en nada. Y envió al amo Patrick a la casa grande a por leña y comida, y no dejó a su niñera en toda la noche. Al día siguiente fue el propio señor Starkey quien bajó hasta allí con un bello cuadro extranjero: Nuestra Señora del Sagrado Corazón, lo llaman los papistas. Es un cuadro de la Virgen con el corazón atravesado por flechas, cada una de las cuales representa una de sus grandes aflicciones. El cuadro estaba colgado en la casita de Bridget cuando la vi por primera vez; ahora lo tengo yo.