Cuentos goticos
Cuentos goticos Su única compañía era el perrito, que había recorrido con ella medio continente; mudo recordatorio de tiempos más felices. Una vez enfermó y Bridget cargó con él más de tres millas para consultar con un hombre que había sido caballerizo del último señor y luego se había hecho célebre por su habilidad para curar las enfermedades de los animales. Hiciera lo que hiciese el hombre, el caso es que el perro se recuperó; y quienes oyeron a Bridget darle las gracias, entremezcladas con bendiciones (promesas de buena suerte más que oraciones), se tomaron muy en serio la buena fortuna del hombre cuando, al año siguiente, sus ovejas parieron mellizos y sus prados dieron hierba abundante.