Hijas y esposas
Hijas y esposas —Y ahora te acompañaré a tu habitación. Te he elegido una cerca de la mÃa. Pensé que te gustarÃa más, aunque sea más pequeña que la otra.
Se levantó con languidez, y, tras envolver su elegante figura en un ligero chal, guio a Molly al piso de arriba. Su habitación comunicaba con el saloncito privado de la señora Hamley, que por el otro se abrÃa a su propio dormitorio. Le mostró a Molly ese fácil sistema de comunicación, y después, tras decirle a su invitada que la esperara en el saloncito, cerró la puerta, dejándola a solas para que se familiarizara ron su entorno.