Hijas y esposas
Hijas y esposas —¡Pensar que Molly, a la que he tenido en brazos cuando llevaba pañales, tiene un pretendiente! Hermana Phoebe —que en ese momento estaba entrando en la habitación—, ¡menuda noticia! ¡Molly Gibson tiene un pretendiente! ¡Casi se podrÃa decir que ya se le ha declarado! ¿No es asÃ, señor Gibson? ¡Y sólo tiene dieciséis años!
—Diecisiete, hermana —dijo la señorita Phoebe, que se enorgullecÃa de estar al corriente de todos los asuntos domésticos del señor Gibson—. Cumplió diecisiete el 22 de junio pasado.
—Tanto da. Diecisiete, si lo prefieres —dijo la señorita Browning, impaciente—. La cosa no cambia: tiene un pretendiente, y para mà es como si ayer mismo fuera aún en pañales.
—Espero que sea amor verdadero, y que le vaya bien —dijo la señorita Phoebe.
Entonces intervino el señor Gibson; pues aún no habÃa contado ni la mitad de su historia, y no querÃa que se pusieran a fantasear con los supuestos amorÃos de Molly.