Hijas y esposas
Hijas y esposas —Pues sÃ, aquà estoy otra vez. Me he dado cuenta de que los bueyes no son lo mÃo. Sólo he conseguido decepcionar a papá por no saber apreciar sus méritos, y me temo que tengo muy poco interés en aprender. Y, en un dÃa de tanto calor, el tufo era insoportable.
—Hijo mÃo, no tienes por qué disculparte conmigo, ya lo harás con tu padre. Me alegro mucho de que hayas vuelto. Señorita Gibson, este mozo tan alto es mi hijo Osborne, como imagino que ya habrá supuesto. Osborne… Señorita Gibson. ¿Qué quieres tomar?
Echó un vistazo a lo que habÃa sobre la mesa y dijo:
—Nada de lo que hay aquÃ. ¿No queda un poco de pastel de ave? Llamaré para que lo traigan.