Hijas y esposas
Hijas y esposas —Bueno, ¿qué tal se lleva con Huber[36]? ¿No lo encuentra interesante?
—Me temo que no he leÃdo mucho —dijo Molly con cierto arrepentimiento—. A las señoritas Browning les gusta mucho hablar. Además, hay tanto que hacer en casa antes de que papá vuelva… Ya la señorita Browning no le gusta que salga sin ella. Ya sé que no parece gran cosa, pero ocupa muchÃsimo tiempo.
—¿Cuándo vuelve su padre?
—El jueves que viene, creo. No puede estar fuera mucho tiempo.
—Me pasaré y le presentaré mis respetos a la señora Gibson —dijo Roger—. Iré en cuanto pueda. Su padre ha sido muy amable conmigo desde que era un muchacho. Y espero que, cuando vaya a visitarles, mi alumna haya sido aplicada —concluyó con una amable y simpática sonrisa.
Entonces vino el carruaje, y volvió sola a casa de las señoritas Browning. Ya habÃa oscurecido cuando llegó, pero la señorita Phoebe estaba al pie de las escaleras, con una vela encendida en una mano, vigilando en la oscuridad para ver llegar a Molly.