Hijas y esposas
Hijas y esposas —No creo que pueda bajar otra vez. SerÃa más cómodo que trajeran una mesita, y sentarme junto a este agradable fuego. Pero claro, también está tu papá. La verdad es que no creo que comiera nada si yo no estoy con él. Una no sólo debe pensar en sà misma, ya sabes. SÃ, bajaré dentro de un cuarto de hora.
Pero el señor Gibson se habÃa encontrado con una nota que le conminaba a visitar a un antiguo paciente, gravemente enfermo; y, tomando un bocado rápido mientras le ensillaban el caballo, tuvo que reanudar su antiguo hábito de atender sus deberes profesionales por encima de cualquier otra consideración.