Hijas y esposas
Hijas y esposas —Me siento tan sola, querida, en esta casa desconocida; quédate conmigo y ayúdame a deshacer las maletas. Creo que, por esta noche, tu padre podrÃa haber pospuesto su visita al señor Graven Smith.
—El señor Craven Smith no podÃa posponer su agonÃa —dijo Molly sin rodeos.
—¡Qué chica tan aguda! —dijo la señora Gibson con una risita—. Pero, si este tal señor Smith, como tú dices, está agonizando, entonces ¿por qué le mete tantas prisas a tu padre? ¿O es que espera que le deje alguna herencia?
Molly se mordió los labios para no decir algo desagradable. Simplemente respondió:
—La verdad es que no sé si está agonizando. Eso dijo la persona que trajo la nota, y papá a veces puede ayudar a que la muerte no sea tan dolorosa. En cualquier caso, para la familia siempre es un consuelo tenerle cerca.
—¡Es terrible lo mucho que sabe de la muerte una muchacha de tu edad! La verdad, de haber sabido estos detalles de la profesión de tu padre, no sé si me habrÃa casado con él.
—Él no es el causante de la enfermedad o la muerte, sino que hace lo que puede para combatirlas. Cuando pienso en su trabajo, lo encuentro admirable. Y usted también lo pensará cuando vea lo solicitado que es y lo mucho que se le aprecia.