Hijas y esposas

Hijas y esposas

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Más tarde se marchó la cocinera; también llevaba mucho tiempo con el señor Gibson, aunque no tanto como Betty. No le gustaba la costumbre de cenar tan tarde, y, al ser metodista, ponía objeciones de tipo religioso a la sugerencia de la señora Gibson de que intentara preparar recetas francesas. No estaba en las sagradas escrituras, decía. En la Biblia había abundantes referencias a la comida, pero se trataba de cordero sencillamente preparado, y de vino, y de pan y leche, y de higos y pasas, de terneros cebados y de un filete de ternera bien pasado, y cosas parecidas; pero siempre había ido contra su conciencia cocinar carne de cerdo, y preparar empanada de cerdo, y si ahora la iban a obligar a elaborar platos paganos a la manera de los papistas, prefería marcharse. Y así la cocinera siguió la estela de Betty, y el señor Gibson tuvo que satisfacer su saludable apetito inglés a base de tortillas mal preparadas, empanadillas, vol-au-vents, croquetas y timbales, sin estar nunca del todo seguro de qué estaba comiendo.







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