Hijas y esposas

Hijas y esposas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Bueno, ya no hace tanto ejercicio como antes, así que no es de extrañar. Ha despedido a todos los braceros que roturaban las nuevas tierras, y ya sabes lo ilusionado que estaba con eso. Y, como la jaca ruana tropezó un día mientras montaba, y casi le tira, no ha vuelto a montar. Pero no se le ocurre venderla y comprarse otra, que sería lo más sensato, con lo que ahora tenemos dos rucos que sólo comen y están pezuña sobre pezuña, y luego él se queja del dinero y de los gastos. Y eso me recuerda lo que quería decirte. Necesito dinero y pronto, por lo que he estado reuniendo mis poemas, puliéndolos, ya sabes, repasándolos con ojo crítico, y quiero que me digas si crees que Dcighton los publicaría. Tú te has hecho un nombre en Cambridge, y creo que si se los ofrecieras al menos les echaría un vistazo.

—Puedo intentarlo —dijo Roger—, pero me temo que no te pagarán mucho por ellos.

—No espero mucho. Soy un escritor novel, y debo hacerme un nombre. Me conformaría con cien libras. Si tuviera cien libras ya podría hacer algo. Tengo que ganar dinero para mantenerme a mí y a Aimée mientras estudio para presentarme al examen de abogado; en el peor de los casos, con cien libras podríamos irnos a Australia.

—¡Australia! Dios santo, Osborne, ¿y qué harías allí? ¡Y dejar a nuestro padre! Espero que no te den las cien libras, si ése es el fin que vas a darles. Acabarías con él.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker